jueves, 27 de diciembre de 2007


Y SE FUE EL 2007...

Creo que la experiencia es común y no deja de ser preocupante. Alguien por allí afirmó que el tiempo pasa más rápido en comparación con unos pocos años atrás ¿Será que nos aceleramos tratando de emular la rapidez de este mundo virtual en que todo lo tenemos a mano? Y a nadie le parece tan loco que recordemos el verano pasado, sin considerar que hubo un invierno muy frío, que se llevó junto con la tibieza del sol, muchas frutas y verduras. Pero ese es otro tema. Es que el verano se asocia a momentos de placidez, de disfrute lejos de la rutina, de encuentros con los amigos y de tranquilidad en el encantamiento de las vacaciones.

Me parece haber saltado un escalón en el tiempo al recordar los viajes al litoral en tren. Un transporte popular y que gustaba a grandes y chicos. El bamboleo de su avance era hipnótico, una cuna mecedora gigante que se hacía notar con el sonido singular de un silbato largo. Claramente, era difícil dormir en temporada alta, cuando familias completas se movilizaban hasta con perros y gatos, cantando, gritando y comiendo. El inspector gordo, siempre eran voluminosos, pero con una destreza excepcional para cubrir el pasillo sin que nadie arrancase, había algunos que subían sin comprar boletos... práctica muy desarrollada ahora en el Transantiago.

En momentos en que nos preparamos a despedir ese artificio que llamamos año, inevitablemente miramos atrás y la memoria selectiva nos trae como una vieja película escenas pasadas, personas queridas y cercanas enfermas que marcaron fuertemente este año pero también el regreso a mi tribu femenina con deseos de avanzar, conversaciones largas plenas de contenido, tardes de cine con él , sueños y ensueños y la danza sanadora.

Y una pregunta... ¿cuál será nuestra próxima encarnación?









viernes, 23 de noviembre de 2007



REVIVIENDO



Un par de chombas, dos blusas, los jeans y una chaqueta para esos fríos inesperados eran el equipaje exacto para salir ese comienzo de primavera. Es verdad que quebrar el año con una semana fuera de la realidad constituye un regalo y la idea era no gastarse en un viaje largo. A la vuelta de la esquina, como decían los abuelos, encontramos el lugar.

Al borde de la quinta región, con suaves elevaciones.


Tenía la calidez de la primavera, añosos árboles que con el viento de la temporada esparcían diversos aromas perdidos, pero nunca olvidados. Mansos animales se desplazaban libres entre fuentes cantarinas y cuarzos rosados que daban al entorno un halo mágico.


Retornar a ese hábitat natural fue el perfecto remedio para sacarse las costras de reventones, salpicaduras y pinchazos que suele plasmar este Santiago en los capitalinos como venganza por la invasión de cemento, el trueno de las máquinas y la oscuridad de su cielo.


Unas empanaditas hechas en casa, una cabalgata, un pie de cueca, el aroma de los buenos tintos, un karaoke, una noche estrellada y otra lluviosa, caminos serpenteantes, colores radiantes, pavo real, la pachamama… todo junto.


El reencuentro con el sonido de grillos y aves nocturnas reemplazó la placidez artificial de un ravotril. Qué rico ese regalo a mitad de año, es energía pura para el espíritu, para el cuerpo y mente, para seguir caminando. Todavía queda 2007, tareas pendientes, trámites inconclusos y deberes pero ya no parecen tan odiosos… verdad?

lunes, 9 de julio de 2007


ENCADENADOS ...?

Levantarse temprano, salir a trabajar, envolverse en la rutina. Ya sea para dirigir empresas, laborar como empleado bancario, funcionario público , barrer las calles, vender películas piratas, o trajinar mochilas ajenas en la vía pública. La rutina tiene muchas caras. Todos estamos encadenados a un trabajo del cual renegamos a cada rato pero resulta ser la manera más eficaz de distraer la mente. Aparte de estar enfermo, claramente.

Mas de alguna vez el pensamiento frustrante de no estar libre para hacer otras cosas empaña el momento. Escuché a una amiga resentida decir "qué ganas de echar todo por la ventana y hacer lo que quiero". Mariela intentó vanamente quebrar su sistema, dejó la pega y vendió aquello que "le sobraba" para poner en práctica sus anhelos, pero la experiencia fue una dura maestra. Fue difícil conciliar sus horarios con el resto, los demás teníamos rutinas que cubrir.

Fabricaba su agenda con placer y casi se divirtió un par de semanas, pero después la aniquiló su decadente vida social. Su círculo se desgranaba rápidamente. Amigos y amigas arrastraban las cademas de la rutina pero disfrutaban más los momentos libres. Y el tema de conversación era ..la pega.

Mmmm ... llega un momento en que los días libres son poco graciosos, viste todas las películas, leíste más que en un año, te arranaste frente al cable, visitaste como turista los lugares de moda y agotaste las entradas liberadas de todo evento, hasta que se transforman en otra rutina.

Finalmente, Mariela volvió a sumergirse en un trabajo igual que todos los mortales. Se reencontró con viejos conocidos, va con su grupo a los happy hours, se inscribió en un club de salsa y hasta encontró un novio.

Ahora, igual se queja de la rutina infame que nos adormece las neuronas , pero como todo, ese lamento es parte del discurso diario.

¿Se haría acaso el hombre de Neanderthal estas conjeturas, le aburría salir todos los días a buscar su presa, sin auto, sin supermercados ni cajeros automáticos, con calor o frío y siempre con la misma ropa?

Ellos empezaron las rutinas y se ataron aún antes de inventar las cadenas.

lunes, 11 de junio de 2007

11 con 11


Si, un lunes velado.

Las nubes forman un techo denso y casi no ves los últimos pisos de los edificios. La contaminación pegajosa ha dejado la ciudad en distintos tonos de gris. Pareciera ser la noche más amigable con sus luces de colores dando brillo a las calles céntricas. Después de un fin de semana despejado y un sol respetable, los cambios se vuelven bruscos.

Un fin de semana de película. Aclaro que no estuvo marcado por eventos dignos de plasmar en celuloide, sino que junto a una buena estufa invitaba a acurrucarse frente a la TV. La oferta no era muy novedosa, pero sirvió para reflexionar repitiendo "What do you bleeze do we are" que en buen chileno significaría "¡¿Que cresta crees que somos?! , es una propuesta de la física cuántica para responder nuestras eternas preguntas, algo egocéntricas. Y me pregunto.. ¿todo es química? ¿ que es la realidad, lo cotidiano o aquello que experimentamos tras caer en el sopor del sueño? ¿O tal vez, vivimos en mundos paralelos... cruzamos fronteras que se borran al traspasar los límites?

Alguien me señaló que somos lo mejor de la raza humana ¡ plop! Claro que ello va con una explicación. Los cambios que ha experimentado el hombre son tantos y de tal magnitud que muchos se han perdido en el camino, es decir ... somos los sobreviventes. Nuestros genes lograron la meta de la adaptación.

Si el pensamiento logra cambiar el entorno como afirman los expertos (ellos señalan que la realidad es una construcción colectiva) ¿ por qué nos ponemos pruebas suicidas?

No me hagan caso, lo anterior es producto de un lunes 11.

Y con una máxima de 11 grados.

jueves, 7 de junio de 2007


Tacos de invierno


Tap..tap...tap.. tap
Recuerdo el sonido del taconeo de diversos pasos. Me entretenían en una niñez sin televisión, con inviernos lluviosos y oscuros mirando el pequeño patio de luz desde una puerta ventana. Unos arrastrados, se deslizaban con esfuerzo junto con el tope del bastón. Sin ver lo podía imaginar, don Abelardo, refugiado de guerra, con su sombrero de ala ancha y su abrigo de tweed, grueso y largo.

La ventana que miraba a la calle permitía visualizar sólo el perfil de la frente de los paseantes, pero en días de mayo se convertía en un desfile colorido de paraguas. Unos tacones rápidos y vigorosos descubrían a la señora Amelia, que jamás se bajó de sus zapatos puntudos con taco aguja, tenía un puesto de fruta en el Mercado central y lo vigilaba desde el faro de sus tacones.

También podía reconocer a Don Arturo, con su pinta tanguera, sombrero al ojo, su típico impermeable y peinado con gomina, una clase de gel que permitía mantener el pelo casi como una gorra apegada y brillante. Calzaba zapatos con estoperoles y al pisar los ladrillos del pasaje resonaban con un eco. Miraba de reojo detrás de la visera, los vecinos decían que era detective. Un asesinato en el barrio confirmó el rumor.

Las zapatillas de casa delataban a la señora Lucero, con sus gatos blanco y negro. Los sacaba en las pausas silentes en que la lluvia se detenía, para que hicieran " sus necesidades". Un andar apurado, casi trotando nos era familiar. Nuestro padre que almorzaba en casa y también en esos días de agua, como todos los caballeros cubría su cabeza con un sombrero pero el sonido de su caminata era más apagado, usaba una especie de cubrezapatos de goma para proteger el calzado