Y SE FUE EL 2007...
Creo que la experiencia es común y no deja de ser preocupante. Alguien por allí afirmó que el tiempo pasa más rápido en comparación con unos pocos años atrás ¿Será que nos aceleramos tratando de emular la rapidez de este mundo virtual en que todo lo tenemos a mano? Y a nadie le parece tan loco que recordemos el verano pasado, sin considerar que hubo un invierno muy frío, que se llevó junto con la tibieza del sol, muchas frutas y verduras. Pero ese es otro tema. Es que el verano se asocia a momentos de placidez, de disfrute lejos de la rutina, de encuentros con los amigos y de tranquilidad en el encantamiento de las vacaciones.
Me parece haber saltado un escalón en el tiempo al recordar los viajes al litoral en tren. Un transporte popular y que gustaba a grandes y chicos. El bamboleo de su avance era hipnótico, una cuna mecedora gigante que se hacía notar con el sonido singular de un silbato largo. Claramente, era difícil dormir en temporada alta, cuando familias completas se movilizaban hasta con perros y gatos, cantando, gritando y comiendo. El inspector gordo, siempre eran voluminosos, pero con una destreza excepcional para cubrir el pasillo sin que nadie arrancase, había algunos que subían sin comprar boletos... práctica muy desarrollada ahora en el Transantiago.
En momentos en que nos preparamos a despedir ese artificio que llamamos año, inevitablemente miramos atrás y la memoria selectiva nos trae como una vieja película escenas pasadas, personas queridas y cercanas enfermas que marcaron fuertemente este año pero también el regreso a mi tribu femenina con deseos de avanzar, conversaciones largas plenas de contenido, tardes de cine con él , sueños y ensueños y la danza sanadora.
Y una pregunta... ¿cuál será nuestra próxima encarnación?

